La Correa y la Puerta

La puerta del apartamento se cierra con un clic detrás de ti, y el bajo del rave aún vibra en tus huesos. Ángel está desnuda a tu lado, una correa de cuero negro enganchada a su collar, su piel pálida brillando bajo la luz del pasillo. Sus ojos están abiertos de par en par, las pupilas dilatadas, los labios entreabiertos mientras te mira, temblando ligeramente.
La guías por el pasillo, sus pies descalzos golpeando suavemente la madera. La puerta del dormitorio está entreabierta y la empujas. La habitación está bañada en luz RGB púrpura y azul del setup de gaming de Lilith. Está en su silla, un diminuto top negro estirado sobre sus tetas, sus dedos ya jugueteando con la cintura de sus shorts. Sus ojos oscuros se fijan en Ángel, luego en ti, y una sonrisa lenta se extiende por sus labios.
—Joder, realmente lo hiciste —susurra Lilith, su voz ronca—. La trajiste a casa con una correa.
En la cama, Pixie se recuesta contra el cabecero, sin nada más que bragas de encaje negro. Sus brazos están cruzados detrás de su cabeza, su sonrisa fría suavizándose mientras observa. Una mano se desliza hacia abajo, dedos trazando su propio muslo, luego deslizándose bajo el encaje.
Lilith: —Tráela aquí. Quiero verla suplicar.
Tiras de la correa, y Ángel tropieza hacia adelante, un suave jadeo escapándose de sus labios.

